1 (de 17 cartas de mar y amor)

13.02.2013 19:30

    Cuando escribí estas 17 cartas (1 previa, 15 en travesía y 1 final) estaba enamorado, o por lo menos creía estarlo, de la persona a quien iban dirigidas y al hacerlo trataba de transmitir minuciosamente mis sensaciones en la primera travesía del Atlántico a vela.

    Si el lector o lectora gusta de estas sencillas y sinceras cartas, parte del mérito es de la destinartaria de todas ellas que me inspiró. Gracias por permitirme usarlas Jacqueline.

    Sólo he introducido algunas correcciones de estilo, he suprimido algunos párrafos y he efectuado pequeñas modificaciones para hacer el texto más ameno y legible, pero podría decirse sin faltar a la verdad, que las cartas son originales en más de un noventa por ciento.

 

    El barco era un balandro de 44 pies, diseñado por Vanderstaad y construido en acero por un amateur sudafricano. Estaba tripulado por este humilde cronista (con 35 años entonces), Marijó (33) y Nacho (31) que formaban pareja.

   Zarpamos de Sitges (Barcelona) el primero de enero de 1988 y tras hacer escala en San José de Gata (Almería), Gibraltar, Isla Graciosa, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Maria de Sal, Tarrafal de Santiago y Praia, estás tres últimas en el archipiélago de Cabo Verde, nos disponíamos a zarpar con rumbo a Brasil.

   

    Román Sánchez Morata 12-02-2013

 

 

1.-

                                                      Praia, 31 de marzo de 1988

 

QUERIDÍSIMA AMIGA:

    Todavía estamos en el mismo lugar. Hemos tratado, por todos los medios, de conseguir permiso para ir a Ilha Brava sin tener que volver posteriormente aquí, pero no ha habido manera. Nos dicen que ahí no hay frontera, que no es puerto de entrada/salida al país y por tanto no podemos marcharnos del país desde allí. Finalmente les hemos dicho que OK, que nos vamos directamente a Brasil. Prepararemos el barco aquí y pasaremos por Brava, en un lugar en el que suponemos no hay autoridades ni nada parecido. Si no nos dejaran desembarcar, pues ni modo, seguiríamos camino directamente a Brasil.

    Por tanto esta es mi última carta hasta la llegada a Brasil, no se si podrás resistirlo, ja, ja.

    Hoy ha hecho, mejor dicho está haciendo un calor serio, serio (38º C con 95% de humedad) aunque afortunadamente dejó de soplar el Harmatan (el viento cargado de arena).

    Ya tenemos el barco cargado de provisiones, sólo nos falta embarcar gasoil, reparar cuatro cosillas y esperar que Nacho sane de su súper-diarrea (ha tomado mi relevo) para zarpar (con suerte mañana por la noche).

    Ya tengo ganas de navegar y de experimentar la estancia en la mar por 20 o 25 días sin ver tierra, ni posiblemente barcos (seguimos una derrota sólo usada por barcos de vela como nosotros).

    Los americanos ya han marchado (hacia Guinea) y el trimaran marcha hoy hacia Brasil con escala en Brava (mismo sistema que nosotros).

    Te dejo, voy a comer que hay hambre. Hasta luego.

Román.                                                                         

    Es ya de noche y con luna nueva. El trimaran ha marchado acompañado por el sonido de nuestro cuerno marino y nuestros gritos de adiós. Nos veremos en Brava, en Brasil o en cualquier lugar, buen viento amigos.

    Probablemente no nos iremos mañana. Nacho no se acaba de poner bien y no seria lógico enfrentarnos a tres semanas de mar sin estar en buena condición física. Ni modo, no tenemos prisa.

    Hoy el puerto está concurridísimo. Hay siete mercantes, casi todos caboverdianos. Poca cosa más por contar. El calor, como todos los días, remite a las 18 hora local (21 donde tú estás). A esa hora trabajamos un poquito hasta la puesta de sol, una hora y media más tarde. Por la mañana también trabajamos hasta las 10. El resto del día es imposible hacer nada, solo bañarte. Cuando vamos a tierra, el calor es todavía peor, claro que esto únicamente ha sido así aquí en Praia, que está a sotavento de esta isla de grandes montañas que impiden que lleguen los alisios refrescadores.

    Chao.

    Román.

 

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