Apuntes de una travesía en solitario, o "cómo navegar con poco dinero" -8-

04.01.2015 17:37

 

 

VIII

 

Este de Brasil

 

 

La costa del Estado da Bahia

 

21 de junio.

Me levanto tarde, el día está gris con lluvias intermitentes. Hace fresco para nadar —los fondos son magníficos—. La isla es bastante pelada con alguna palmera, algunas construcciones recientes —las viviendas de los guardas— junto con otras más antiguas —del destacamento de Marina que había hace años— y el faro.      

          

Los Abrolhos vistos desde el NW. Foto de Marcello Lourenço - http://archive.ramsar.org/

 

Como lo mejor de este lugar es el fondo marino con sus espectaculares formaciones coralinas, pero el tiempo no acompaña para bucear, además de que el síndrome de abstinencia del tabaco es cada vez mayor, decido zarpar después de un buen desayuno.

 

 

1420. Rv 352. V 3. SSE 2. Llovizna. Presión atmosférica 1013 mb.

Después de comer me fumo con extrema voluptuosidad, a pesar de su sabor a gasoil, el cigarrillo recuperado de la sentina.

A las cuatro, el viento rola al ESE y arrecia. La velocidad aumenta hasta 5 nudos. La presión atmosférica asciende.

A las diez de la noche el viento amaina y empieza a llover.

 

22 de junio.

0020. Apenas hay viento. Me pongo al pairo bajo una espesa cortina de lluvia.

0430. Llueve de forma más moderada en completa calma.

0615. Volvemos a navegar al 007 a 3,5 nudos bajo un viento flojo del SE.

1005. Monte Pascoal o Pascual, al través.

 

 

12:30 A un descuartelar con foque y mayor con dos rizos. Viento de levante fuerza 3. Lluvia.

 

Aunque no sean exactamente los que establecen los cánones, a efectos prácticos así es como denomino los rumbos respecto al viento:


 

1315. Barra dos Frades al través, aunque no estoy muy seguro de que lo sea pues hoy no he podido observar el sol. Situación por estima: 89 millas al norte de I. Santa Barbara (Abrolhos).

1820. Rv 012. V 4. Renuncio a entrar en Porto Seguro y decido proceder directamente a Morro de Sao Paulo, total son sólo 180 millas más y conozco el lugar. La entrada a Porto Seguro es delicada y únicamente tengo una mala fotocopia de una carta de poco detalle.

2200. Calma Chicha.

 

Precisamente Porto Seguro fue el primer lugar de desembarco —conocido— de los portugueses en Brasil. El 22 de abril de 1500 fue avistada tierra por la flota —que se dirigía a la India— de 13 navíos y 1200 hombres, mandada por Pedro Álvares Cabral: “un monte muito alto y redondo” que bautizaron como “Monte Pascoal”, por ser tiempo de pascua. Dos días después los navíos encontraron un fondeadero abrigado: Porto Seguro. Permanecieron allí durante una semana, explorando la tierra y manteniendo los primeros contactos con la población nativa.

Se ha discutido mucho, acerca de sí el descubrimiento fue casual o intencionado, aunque resulta sospechoso que los portugueses se esforzasen tanto en fijar el meridiano divisorio del tratado de Tordesillas a 370 leguas al oeste de Cabo Verde y no a 100 leguas, como originalmente estaba establecido en las dos bulas previas del papa Alejandro VI. Este avance de la línea divisoria hacia occidente, hizo que Brasil quedara en la zona portuguesa, por lo que puede deducirse el conocimiento previo, por parte de los portugueses, de tierras en esa longitud, habiéndose guardado celosamente la información hasta la firma del tratado y posterior descubrimiento “oficial”.

 

23 de junio.

Seguimos encalmados. Arranco el motor hasta la una y media de la madrugada, hora en que arrío la mayor y me voy a dormir.

0445. Rv 007. V 2. SW 1. Barómetro estacionario (1013 mb).

0730.      007.    4. SW 2/3.

0845. Faro de Belmonte al Oeste verdadero. Al terminar el desayuno, el viento tiende a amainar. Arrío el foque e izo la génova en su lugar.

1045. Rumbo Norte. Velocidad 3 nudos. WSW 1/2. Mar de leva del SE.  Sol.

1400. Navegando despacio a la vista de la costa.

2200. Atangono la génova por estribor y navegamos a orejas de burro, gobernando al 005º verdadero. V 4. Sur flojito. Lluvia.

2300. El viento rola al SE. Largo el tangón.

 

24 de junio.

0400. Lluvia y poco viento. Pongo al Finisterre en facha y me acuesto.

0600. Me levanto y nos ponemos a navegar por la aleta a 4 nudos. Afinando el reglaje, con viento por la aleta, consigo que Finisterre se gobierne por sí mismo durante cinco minutos antes de orzar. Aprovecho ese lapso de tiempo para dormir, hasta que el flameo de las velas me despierta e indica que estamos fuera de rumbo. Entonces me levanto y mientras vuelvo el barco a rumbo, ojeo todo el horizonte, para volver de inmediato a la cucheta a empezar el periodo de nuevo. No es ninguna ganga, pero como es mucho el sueño, es mejor que nada.

A la 0845 nos ponemos 15 minutos en facha para dejar pasar un chubasco. De este modo, evito reducir paño y mojarme. El sueño me vence. El café me sale por las orejas.

Al mediodía entran una serie de chubascos de agua y viento, en los que hacemos puntas de 8 nudos, como una motora ¡ja!

1320. Calma. Arrío la génova y me pongo a preparar la manduca; la devoro en un santiamén y me zambullo en la litera.                                     

Una hora más tarde me levanto a echar una ojeada: En los guardamancebos de babor se encuentran posadas dos aves - ¿Tiñosas picofinas – Anous tenuirostris ?

 

Foto: http://3.bp.blogspot.com/

 

Al acercarme, una de ellas se va volando, aunque después vuelve; la otra se muestra confiada y ¡se deja acariciar! Al rato se asoma al interior por un portillo abierto y penetra en la camareta. Investiga todo el barco y finalmente se instala, con gran satisfacción, encima de la litera. Estoy encantado de que le guste mi barco, pero enseguida la satisfacción se transforma en enojo pues la muy guarra ¡primero se caga y después vomita un pequeño pez encima de mi litera! Intento ahuyentarla con gestos, pero me esquiva y parece decidida a quedarse en el interior. No se muestra asustada ni agresiva,  pero tiene un pico considerable que me infunde respeto. Cansado de jugar al gato y al ratón, la agarro sin contemplaciones y entre graznidos de indignación la echo fuera de la cabina. Se va con su colega a posarse en los guardamancebos. En ningún momento del altercado ha intentado picarme. (Otro encuentro con estas aves en el final de "12 (de 17 cartas de mar y amor)".

 

1530. Entra algo de viento del Sur, las tiñosas se van y nosotros volvemos a navegar.

No consigo reconocer la costa.

Hace ya cinco días que no fumo; el “mono” sigue, aunque no tan serio como el segundo y tercer día.

A las diez de la noche estamos situados frente a Camamú, navegando con el viento por la aleta —SSW 2/3— a buena velocidad. Dudo en intentar la entrada pues en esta bahía se construyen los más afamados escunas de todo Brasil. Escuna es una deformación de la palabra inglesa schooner, goleta en castellano. Tengo noticias de que es un lugar muy interesante, de difícil acceso y, por tanto, muy poco turístico, es decir el tipo de lugar que me gusta visitar. Pero no tengo ni carta ni derrotero y sé que la barra es complicada, así que otra vez será.

A medianoche, arranca de nuevo a llover y la visibilidad se reduce, pero ya falta poco para llegar a Morro.

 

Morro de Sao Paulo.

A las dos de la madrugada arranco el motor y, bajo una intensa lluvia, nos acercamos lentamente al faro de Morro. Alrededor de las tres entramos en el Río Una; ha cesado de llover, pero la noche es muy oscura y no consigo localizar el lugar escogido para fondear. A las cuatro, no me complico más la vida y fondeo en el centro del río, a una milla y media de la barra.

 

Reproducción de un retazo de "Havens & Anchorages. Brazil" de Tom Morgan. PCC Pilotage Foundation

 

Me despierto al mediodía y me doy una zambullida, cuidando de asirme a un cabo de seguridad, pues la marea, que ahora es vaciante, más el caudal del río hacen que la intensidad de la corriente sea de dos o tres nudos. Preparo una comida muy elaborada; la saboreo despacio y después me echo una larga siesta. Cuando despierto ya es de noche, ni modo, mañana será otro día.

 

Al día siguiente, después de dormir sin interrupciones, de desayunar, de limpiar y arranchar al Finisterre, fondeo frente al Portalón de la antigua fortaleza de Morro. Lo hago con dos anclas, a proa y a popa, es decir a la entrante y a la vaciante. Si se fondea con una sola ancla, el barco bornea con cada corriente de marea hasta que la misma excava un hoyo en el fondo de barro que la hace zarpar, o bien se encepa si es del tipo Almirantazgo. Además, el agua es turbia y no permite comprobar el agarre buceando.

Inflo el anexo y desembarco. Lo primero que hago es comprar cigarrillos. El pueblecito me sigue gustando, las playas al lado del mar continúan siendo magnificas, pero algo ha cambiado. Es cierto que sigue sin haber automóviles ni carreteras, pero hay más construcciones, incluso un feo edificio de cinco pisos. También existe “Subdelegación de Policía”, según reza en la fachada, aunque parece cerrada. Supongo que es el inevitable progreso.

 

Morro de Sao Paulo, de hecho es una isla con el mar al Este y al Norte, y el Río Una al Oeste y al Sur. Pertenece al Estado de Bahia y únicamente se puede acceder a ella en barco. Hay un servicio desde la ciudad de Valença, a unas 7 millas río arriba. Precisamente por la dificultad en las comunicaciones, se conserva como es: Un lugar turístico de minorías, principalmente del propio país. El interior de la isla es una maravilla, con una exuberante vegetación y una cachoeira (cascada) de agua límpida.

 

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas y, la verdad, no acabo de tener buen rollo, ni siquiera con los pocos conocidos que encuentro. Cuando estuve aquí un año antes, viví una historia de amor —platónico— con una negra de mucho carácter. La he visto y casi no me ha reconocido… Estoy desolado y ahogo mis penas en caipirinhas.

De madrugada consigo llegar a bordo sin caer al agua, a pesar de tener un solo remo, de la fuerte corriente y del altísimo contenido etílico de mi sangre.  

                                

Por la mañana me levanto con una terrible resaca (cruda), pero con la decisión de largarme cuanto antes.

 

A las once estamos en la mar. Hoy es la primera jornada con sol y verdadero calor en muchísimos días. Tenemos un buen terral NNW que nos permite navegar a un descuartelar con mucha comodidad a unos 3 o 4 nudos de velocidad. Lastima de mi pobre cabeza, pero ya sabemos que los excesos se pagan.

 

Hoy, cuando llegue a Salvador, finalizara una etapa del viaje. Será hora de tomar decisiones.¿Hacia dónde ir y cuando?, ¿tendré correo? y si lo tengo ¿influirá en el devenir? De cualquier manera dos cosas están claras: Finisterre precisa algunos cuidados y el dinero que tengo no va a multiplicarse. Bah..., lo que tenga que ser, será.

 

Son las siete de la tarde cuando anclo junto al Forte de São Marcelo en el interior del puerto de Salvador.

 

Baía de Todos os Santos.

28 de junio - 23 de julio.

Estar en Salvador es estar un poco como en casa pues el año pasado estuve aquí bastante tiempo. Me desenvuelvo bien por la ciudad baja y por el Pelourinho, la parte más antigua, con mayor encanto y, por aquel entonces, un tanto dura. Salvador “la capital negra de Brasil como le llaman sus habitantes, contra lo que a primera vista pueda parecer, no es más peligrosa que otras ciudades de su tamaño. Basta con no mirar a la gente por encima del hombro, no ser ostentoso y actuar con respeto hacia las gentes, las costumbres y la cultura. Actitud, por otra parte, válida para cualquier lugar del globo.

 

Cuando acudo a despachar a la Policía Federal, me comunican —como me temía— que necesito el despacho de salida de Ilhabela. En vano les explico que precisamente en ese lugar, un colega suyo se negó a proporcionármelo, asegurando que no lo necesitaba. Por toda respuesta y de forma perentoria, me conminan a volver a Ilhabela a conseguir el despacho de marras. ¡Nada menos que 1.000 millas! ¡Están locos! Les digo que sí, que ahora mismo zarpo hacia allí...

 

En el muelle conozco a un nigeriano sin un clavel que se ofrece para lo que sea por lo que sea. Me permito el lujo de “contratarle” para que vaya a rellenar de gas mis dos bombonas vacías; yo me ahorro perder toda una mañana y él se gana una comida decente.

 

No muy lejos se halla fondeado un pequeño balandro francés de fibra de vidrio. Trabo conversación con su patrón —otro solitario— y nos contamos nuestras respectivas aventuras. Él viene del otro lado, de Côte d’Ivoire. Zarpó con muy poca experiencia y sin apenas conocimientos náuticos, tras adquirir allí mismo el barco. Su equipo es también muy escaso y ha sufrido parecidos problemas. Su barco no hace agua, pero al ser menor que el mío, moja más. Aunque ambos —barco y patrón— son mucho más jóvenes que nosotros, congeniamos y nos sentimos miembros de una misma tribu.

 

La ciudad de Salvador está situada en la entrada de la Baía de Todos os Santos y es la capital del Estado de Bahia, cuya superficie es mayor que la de toda España. La población de la ciudad supera los dos millones de habitantes, de los cuales, más de un millón y medio son de raza negra. Bahía fue una de las 12 Capitanías hereditarias creadas en 1534 por la monarquía portuguesa. Tomé de Souza con el concurso de los jesuitas y 1000 colonos (400 de ellos condenados o exilados) fundaron Salvador el 29 de marzo de 1549. Fue la Capital de Brasil (colonial primero e independiente de Portugal a partir de 1822) hasta 1.863. La explicación al predominio de la raza negra en este estado, hay que buscarla en la importación masiva de esclavos africanos desde finales del siglo XVI hasta principios del XIX (la esclavitud se abolió en Brasil el año 1.889) para trabajar en los grandes ingenios de azúcar establecidos en el estado. Los holandeses, al mando del Almirante Piet Heyn, tomaron la ciudad el 10 de abril de 1624, permaneciendo en ella hasta que el 30 de abril del siguiente año, fue recuperada por las fuerzas hispano lusas mandadas por Fadrique de Toledo y Osorio y los Almirantes Manoel de Meneses y Juan Fajardo.

Recordemos que entre 1580 y 1640, toda la Península Ibérica y sus posesiones y colonias estaban bajo el cetro de un único rey de la casa de Austria que era Rey de Castilla, Aragón, Portugal, Valencia, Mallorca y Conde de Barcelona.

 

 

El primero de julio nos trasladamos al Club Náutico de Aratú, en la bahía del mismo nombre, situada en la parte NE de la Baía de Todos os Santos. Allí efectúo casi todos los trabajos pendientes en el Finisterre, pero no permanezco demasiados días, pues a partir del tercero hay que pagar y la economía se resiente. Llevo una bola de ropa sucia a una lavandera que conozco; me cuesta muy barato y me la entrega limpia, plegada y con buen olor.

 

De camino a la población de Itaparica, en la isla del mismo nombre, fondeo en una pequeña playa situada en la costa norte de la isla, para pasar la noche. Después de cenar desembarco para tomarme unas cervezas en un chiringuito muy animado donde hay una numerosa banda de musculosos y sudorosos percusionistas. Me retiro pronto y me duermo arrullado por las rítmicas percusiones.

 

Al día siguiente prosigo hasta Itaparica, en el noroeste de la isla homónima.

 

Las condiciones para la práctica de la vela en esta extensa y hermosa bahía son óptimas. Realizo todas las navegaciones —incluidas las maniobras— exclusivamente a vela, aprendiendo mucho y divirtiéndome una enormidad. Finisterre es soberbio con sólo la mayor, el barco “ideal” para maniobras a vela en solitario en puerto o rada.

 

Forte de São Marcelo. Salvador, Bahia. Foto: http://www.prodeturbahia.turismo.ba.gov.br/

 

En Itaparica hago amigos entre las tripulaciones de los cinco veleros fondeados. Entre estas hay representadas nada menos que siete naciones: Alemania, Argentina, Brasil, Cataluña, Chile, Francia y Escocia. Los “niños navegantes” me fascinan; son amables, sanos, responsables y ¡poliglotas! Hay uno de siete años que habla fluidamente cinco idiomas.

 

Durante varios días, todos los barcos fondeados sufrimos el mal tiempo del Sur y SW que acompaña el paso de una familia de borrascas. El fondeadero con la marea alta resulta muy incomodo y llueve casi todo el tiempo. Como volver al barco remando contra el viento en un bote neumático es muy difícil, casi no voy a tierra y aprovecho para recoser costuras de la vela mayor.

 

Pero el buen tiempo acaba por volver y con él, el amor. En buena hora, porque me estaba convirtiendo en un salvaje.     

 

A mediados de mes heme de nuevo en Salvador para cargar el barco de provisiones ya que quiero estar listo para zarpar el día 22 de julio y no hacerlo más tarde del 30. He decidido llegarme hasta Fernando de Noronha y allí decidir si vuelvo a las Islas Canarias o voy hacia el Mar Caribe.

 

A los tres días estoy de vuelta en Itaparica para someterme a las dulces exigencias del amor.

 

El día 22 me encuentra en la isla de Frade entregado a los requerimientos amorosos de mis dos namoradas.

Foto: http://s2.glbimg.com/

 

Qué locura, meses y meses de forzosa vida monacal y ahora estoy obligado a simultanearme; bueno, obligado no es la palabra adecuada, no, pero me siento tan culpable que acelero los preparativos para partir rápidamente e huir.

 

©Román Sánchez Morata 1998-2001-2013

 

IX. ALTA MAR. Baía de Todos os Santos — Fernando Noronha

 

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