Atún y almadraba. España. Jorge Baro.

10.07.2012 10:29

 

    No hay duda que el Mediterráneo seduce a todo el mundo. Desde las primeras civilizaciones, siempre las más adelantadas de cada época, ha habido un incesante trasiego por sus orillas y un denodado afán por instalarse y habitar en todos sus rincones. En la actualidad el Mediterráneo concentra en sus márgenes una alta densidad de población y anualmente lo visitan millones de turistas.
 
    El encanto que nuestro mar despierta tiene mucho que ver con las bondades de sus condiciones climáticas, que lo convierten en un marco incomparable no sólo para el disfrute, sino también para el desarrollo de la vida en muy distintos escenarios. Por ello, esta atracción no es privativa de los seres humanos, ya que las peculiaridades de sus aguas lo vuelven un ambiente idóneo para el desarrollo temprano de muchas especies marinas.
 
    Ese es el caso del atún rojo. Esta especie muy apreciada desde tiempos anteriores a los romanos, aunque fueron ellos los que mejor empezaron a aprovecharla y valorarla en su justa medida, se ha convertido desde hace unos cuantos años en una estrella de la cocina internacional, sobre todo por esa consideración tan elevada que del atún tiene el pueblo japonés y que se ha exportado al mundo como una moda culinaria en forma de sushi y todas sus variantes preparadas con pescado crudo. La gran demanda de este producto del mercado internacional y en especial del japonés, ha llegado al extremo de que se paguen precios astronómicos por algunos atunes en la lonja de venta de pescado de Tokio –569.000 euros por un atún de 269 kilos; hagan las cuentas– o que el sashimi en Japón, haya pasado a ser parte integrante del cálculo del Índice de Precios al Consumo.
 
    Estos precios astronómicos y esa gran demanda han convertido la pesca del atún rojo en un negocio de grandes proporciones, tan grande que el desarrollo de nuevas flotas pesqueras, algunas de ellas ilegales, y métodos de pesca mucho más eficientes que los tradicionales y que utilizaban incluso avionetas para la localización de los bancos de atún, así como la profusión de jaulas de engorde para regular el mercado, provocaron la sobrexplotación del recurso hasta el punto que la pesquería estaba abocada al colapso de haberse mantenido esos niveles de pesca. La situación era tan grave que se sospechaba que en el Mediterráneo los países llegaron a capturar el doble de las cuotas de pesca autorizadas y declaradas. Esta situación hizo que la Comisión Internacional que trata el asunto del atún rojo estableciera desde el año 2007 un plan plurianual de recuperación, que conllevaba una drástica reducción de las capturas en la asignación de cuotas de captura por país y el reparto de éstas entre las distintas pesquerías.
 
    Recientemente ha terminado la temporada de pesca del atún con almadraba. Se trata éste de un arte de pesca tradicional, que ya se empleaba en tiempos de los romanos, y que aprovecha la migración reproductora del atún rojo tanto en su camino de entrada al Mediterráneo para la puesta, como de salida una vez realizada, o del «derecho» o del «revés» en sus denominaciones en el mundo pesquero. El sitio idóneo para calar las almadrabas es sin duda en las cercanías del Estrecho, paso obligado de los atunes en su migración anual y uno de los sitios donde más cercanos a costa se pueden encontrar. Dadas que las cuotas asignadas a las almadrabas son en los últimos años mucho más pequeñas que en los precedentes, la pesca del «revés», es decir cuando salen del Mediterráneo después de reproducirse, no se realiza, ya que se alcanza el cupo en los meses de la migración de entrada.
 
    Las primeras impresiones sobre la temporada del atún de almadraba son buenas y parece que este año ha habido más atunes y que podríamos estar asistiendo a una cierta recuperación de la población. De hecho se han tenido que liberar un número considerable de atunes que se encontraban ya encerrados en el laberinto de la trampa que supone la almadraba, ya que se había alcanzado el cupo de captura rápidamente. Sin embargo hemos de esperar a que se analicen los datos y que haya una nueva evaluación del atún, que se producirá antes de final de año, para conocer el estado actual de la población y poder hacer previsiones de futuro. Esperemos que éstas sean positivas y más acertadas que las que se producen en otros campos, el económico sin ir más lejos.
 
    Jorge Baro es el director del Centro Oceanográfico de Málaga.
 
    Fuentes: La Opinion, Malaga. http://www.oannes.org.pe.