El mal de mar, naupatía, cinetosis o mareo

24.07.2017 22:37

Ilustraciòn de https://costadamorteba.files.wordpress.com

 

¿Quién no ha sufrido de este mal en algún momento de su vida? ¿Quién no se ha mareado alguna vez en algún medio de transporte? Pero,¿qué es exactamente el mal de mar? Según el DRAE: Desazonarse uno, turbársele la cabeza y revolvérsele el estómago; lo cual suele suceder con el movimiento de la embarcación o del carruaje y también en el principio o el curso de algunas enfermedades. Más claro imposible; si acaso matizar las distintas fases de la afección. En la primera fase, el afectado normalmente experimenta cierta incomodidad, somnolencia, inapetencia y, si es fumador, desgana de fumar. En la segunda fase se dan los sí­ntomas que tan acertadamente enuncia el DRAE, además de un cambio en el color del paciente entre el blanco y el verde. En la tercera fase el doliente sufre de sudores fríos, arcadas y ulteriormente vomita cuanto contiene su estómago.

Ilustración de http://quepasasi.es

 

En la cuarta fase, después de vomitar lo que tiene y lo que no tiene en su estómago, el afectado por este mal tan antiguo como la humanidad, lo único que desea es tumbarse y que le dejen morir en paz. Esta fase de postración y aletargamiento puede durar de unas pocas horas a unos pocos dí­as, dependiendo del individuo, del barco y del estado de la mar.

 

Se sabe de algún paciente que lo sufrió por más de un mes. Durante todo este periodo seguirá experimentando periódicamente, arcadas y vómitos de cualquier alimento que se atreva a ingerir, bilis y jugos gástricos.

No todos los seres humanos son iguales, tampoco en esto, ya que algunos son más propensos a marearse que otros

Pero ¿Por qué razón se marea uno?

El responsable es el oído interno, el órgano del equilibrio. La causa primaria es la estimulación excesiva del aparato vestibular. Es un trastorno del equilibrio que padecen la mayoría de las personas que navegan por primera vez, y que la sufren, la han sufrido o la pueden sufrir todo tipo de navegantes. Sólo se conocen contadas excepciones de personas que nunca se hayan mareado, a las que no hay que confundir con las que ya no se marean, después de haberse habituado al movimiento, pero que en sus inicios sí que lo sufrieron. Ya hemos dicho que el movimiento afecta al sentido del equilibrio y a la orientación espacial. Para comprender esto, previamente deberemos entender ¿Cómo sabe el cuerpo que está en movimiento?

Uno de los principales trabajos de nuestro cerebro es interpretar los mensajes desde el exterior recibidos por el cuerpo. Para aprender cómo nuestro cuerpo se comporta en relación al espacio y si estamos o no en movimiento, el cerebro necesita recibir e interpretar informaciones de tres sistemas diferentes:

1.- Visión

Todo el mundo puede entender por qué la visión ayuda al cerebro a interpretar si estamos en movimiento, ya que basta estar con los ojos abiertos para ver si nos estamos moviendo o no.

Pero la visión puede jugar algunos trucos con nosotros. ¿Quién no, dentro de un coche parado en un semáforo, tuvo la sensación de estar el coche andando hacia atrás solamente porque el coche de al lado estaba yendo hacia delante? Este sencillo ejemplo muestra como la visión puede decir al cerebro que estamos en movimiento, cuando en realidad estamos parados.

2.- Propiocepción

La propiocepción es la capacidad del cerebro de reconocer la ubicación espacial del cuerpo, su posición y orientación, la fuerza ejercida por los músculos y la posición de cada parte del cuerpo en relación con las demás, sin utilizar la visión. Es la propiocepción que nos permite, con los ojos cerrados, reconocer que estamos con el brazo levantado, boca abajo, inclinados hacia adelante, con las piernas dobladas, etc.

Es gracias a la propiocepción que logramos, inclusive con los ojos vendados, tocarnos fácilmente la punta de la nariz con la punta de los dedos. La gente no necesita de la visión para saber siempre dónde está cada parte de su cuerpo.

3.- Oído interno

Dentro del oído interno tenemos un órgano llamado laberinto, que es parte del aparato vestibular, responsable del mantenimiento del equilibrio.

Ilustraciòn de http://www.mdsaude.com

 

El laberinto es un conjunto de arcos semicirculares que tienen líquido en su interior. El movimiento de estos líquidos es interpretado por el cerebro, ayudando a identificar los movimientos y manteniéndonos en equilibrio.

Las informaciones pasadas por el aparato vestibular ayudan al cerebro a interpretar movimientos angulares, aceleraciones lineales y fuerzas gravitacionales.

Imagen de http://4.bp.blogspot.com

 

¿Por qué nos quedamos mareados después de girar varias veces? Porque a pesar de ya estar parados, los líquidos dentro de nuestro oído interno aún están en movimiento rotatorio por algunos segundos, haciendo que el cerebro interprete que todavía estamos girando. Si cerramos los ojos, el mareo aumenta aún más, pues, con los ojos abiertos, la visión puede mitigar el mensaje equivocado que el oído interno está enviando al cerebro.

La naupatía, cinetosis o mal de mar se produce cuando el cerebro recibe informaciones contradictorias de estos tres sistemas.

Cuando andamos, estamos moviéndonos intencionalmente y el cerebro consigue conjugar las informaciones recibidas de la visión, de la propiocepción y del oído interno.  Las tres trabajan en sinergismo, o sea, diciendo la misma cosa. En un coche, navío o avión, esto no ocurre. Estamos “parados” pero a la vez en movimiento. El ser humano es el único animal que puede moverse de modo pasivo, sin necesidad de hacer esfuerzo para moverse. Esto puede causar confusión en el cerebro.

Cuando estamos en un coche, por ejemplo, estamos efectivamente en movimiento a pesar de que el cuerpo está parado en relación al coche. Esto provoca una ráfaga de señales confusas para el cerebro, que a la vez recibe informaciones diciendo que el cuerpo está parado y sin hacer esfuerzo (con muslos y tendones relajados) e informaciones diciendo que el cuerpo está en movimiento gracias a la aceleración y las curvas.

Cuando miramos hacia adelante y vemos el paso del paisaje, el cerebro todavía es capaz de comprender los movimientos del coche y el hecho que nos estamos moviendo, así que la mayoría de la gente viaja en coche sin sentir náuseas. Sin embargo, si bajas la cabeza y empiezas a leer, la visión, junto con la propiocepción, dirán al cerebro que estamos parados, mientras que el laberinto, estimulado por las curvas y aceleraciones del vehículo, enviará señales de movimiento, lo que facilita la aparición de náuseas y mareos.

Por lo tanto, la cinetosis o naupatía se presenta siempre que el cerebro tiene problemas para interpretar el estado actual de nuestro cuerpo, o en otras palabras: las informaciones/órdenes contradictorias colapsan el sistema

Todas las personas son susceptibles a este tipo de mareo; lo que varía es la intensidad del estímulo necesario para desencadenar los síntomas. Esto se observa fácilmente en buques de pasaje, cuando algunos de los pasajeros sienten malestar, otros se refieren a una ligera molestia y la mayoría no siente nada. Se calcula que en navegaciones de más de una hora con marejada, el 40% del pasaje sufre de mal de mar en distintos grados.

Las estadísticas señalan sectores de la población con más probabilidades de sufrirlo: Individuos afectados por ansiedad, migraña o laberintitis, embarazadas, niños de ambos sexos entre 3 y 11 años y mujeres en edad fertil.

El tipo de movimiento también puede ser determinante. Parece que el peor es el que producen los balances profundos, pero relativamente lentos de un barco blando** atravesado a la mar.

Algunas situaciones también pueden colaborar a sufrir cinetosis: ver gente afectada por el mal, especialmente si están vomitando, permanecer en lugares de barco poco ventilados y sin visión exterior, estar afectado por miedo, temor, ansiedad o resaca, comer o beber en exceso o en defecto, estar fatigados y/o faltos de sueño o encontrar mala mar inmediatamente después de zarpar, sin tiempo suficiente para amarinarse. Los humos (del motor, de cigarrillos, etc.) y olores (gasoleo, cocina, sentina, vomito, etc.) también suelen contribuir al mareo.

Ilustración de http://www.cruceroalegre.com

 

 

Para prevenir la naupatìa o, en todo caso, para no facilitarla, seguiremos las siguientes indicaciones:

Descansar y dormir bien antes de zarpar. En las 24 horas previas a la partida, evitar consumir bebidas ácidas, gaseosas, lácteas o alcohólicas y alimentos en conserva, ácidos o con alto contenido en grasas.

Siempre que sea posible, no se zarpará antes de haber digerido la última comida.

Una vez a bordo, lo más conveniente es permanecer en cubierta ―vestido adecuadamente y protegido del sol―, mantenerse ocupado, mirar al horizonte y al cielo y beber pequeñas cantidades de agua con frecuencia. Si las condiciones atmosféricas desaconsejan la permanencia en cubierta, lo mejor es acostarse en una litera de sotavento y evitar la lectura o las pantallas.

Si se sabe con certeza que uno se va a marear, conviene tomar, como mínimo 2 horas antes de embarcar, un farmaco que deprima la reactividad del laberinto (Biodramina, Sturgeron, Torecan, Nauseol, etc.)

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Foto de https://elpais.com/viajero_astuto

 

Estos medicamentos pueden provocar somnolencia, sequedad bucal y visión borrosa. Alguno de estos farmacos contiene cafeína para paliar la somnolencia.

Si las actitudes preventivas expuestas más arriba no nos han dado resultado, habrá que resignarse y tratar de que el mal trance pase lo menos peor posible.

Si somos pasajeros o tripulantes libres de guardia, lo mejor es permanecer acostado, (con un balde cerca), caliente, con los ojos cerrados tratando de dormir. Mejor con la cabeza algo más alta, es decir con almohada. Si el mal de mar es leve, es posible que los síntomas desaparezcan durante el sueño. De lo contrario tratar de ingerir pequeñas cantidades de alimento seco (tostadas, galletas de jengibre, almendras, etc.) y seguir bebiendo agua. En casos graves, los vómitos prolongados pueden llevar a la pérdida de líquidos provocando, si no se pone remedio, graves deshidrataciones. En màs del 90% de los casos, los pacientes experimentan una mejoría durante las primeras 72 horas.

Cuando se es patrón, o jefe de guardia, o timonel o responsable de otros tripulantes, frente al peligro o el mal tiempo, el mareo se pasa de golpe, o sencillamente se ignora. Podría decirse que las posibilidades de marearse son inversamente proporcionales al nivel de responsabilidad.

El mayor peligro al que se ve expuesto un tripulante mareado es la caída por la borda. El mareo suele aparecer con mal tiempo y movimientos acusados, por lo que un navegante mareado es una víctima potencial. El patrón y el resto de la tripulación se encargarán de sujetar al afectado, o sencillamente le prepararán un balde para que pueda devolver con comodidad.

Foto de http://www.barcosyatesveleros.com modificada

 

Todo el mundo en cubierta debería llevar arnés cuando las condiciones son malas, pero hay que recordar que un tripulante mareado suele salir disparado del interior, sin arnés y con ansia de lanzarse a la borda y vomitar. Si el tripulante no está definitivamente mareado, es aconsejable darle tareas sencillas en cubierta. Llevar el timón casi nunca suele fallar si los síntomas todavía no son muy graves. Si el tripulante es incapaz de realizar cualquier actividad, es conveniente tumbarlo sobre una litera a sotavento, en el lugar más estable del barco. El combate contra el mareo es harina de otro costal y dependerá mucho del carácter de cada individuo. Las primeras veces deja fuera de combate, pero uno se va acostumbrando si deja de lado la autocompasión. Algunos navegantes no es que no se mareen, sino que se han acostumbrado a trabajar estando mareados. Y aquí, como se ha dicho antes, un aliado excelente es la responsabilidad.

Las consecuencias de la naupatía han sido trágicas en algunas ocasiones. Por ejemplo, muchos soldados fallecieron en los desembarcos de los aliados en el Pacífico, Norte de Àfrica y Sicìlia al no ser capaces de comportarse conforme a las más elementales normas de combate por culpa del mareo con el que llegaron a las playas.

Un LCVP rumbo a la playa de Betio, Tarawa, 20-11-1943

Foto de https://public-ch3302.files.1drv.com

 

Hay individuos más propensos que otros al mareo, pero, aún siendo profesional de la mar, quien diga que nunca se ha mareado, miente.

Hace muchos años conocí a un joven que ¡se mareaba nadando!, también navegué con un piloto de la Marina Mercante, con más de siete años de ejercicio profesional como agregado, tercer y segundo oficial, que indefectiblemente se mareaba en cuanto la mar sobrepasaba el nivel de marejadilla, lo cual no le impedía hacer su trabajo con eficacia, eso si, el pobre adquiría un tono verdoso que no le abandonaba hasta que llegaba la bonanza o entrábamos a puerto. Hace bastantes años hice un viaje de Brasil a las Islas Canarias con una tripulación bisoña de 5 personas, un gato y un loro. Cuando zarpamos de Salvador de Baia soplaban los alisios del SE con bastante intensidad. Excepto el loro y yo, se marearon todos, pero cumplieron sus turnos al timón a pesar de su deplorable estado; el primero en recuperarse tardó unas 36 horas en hacerlo y el último empleó cinco días, pero todos vencieron el mareo. Con este ejemplo quiero decir que con más o menos presteza, prácticamente todo el mundo acaba superando este mal tan antiguo como la navegación.

 

Román Sánchez Morata. 24-07-2017

 

 

* Naupatía: Del griego naus, navio, y páthos, afección.

** Barco blando: Se dice de aquel que tiene una altura metacéntrica (GM) baja y en consecuencia el periodo de balance es grande (o sus balances son lentos).

 

Fuentes:

http://www.diariodenautica.com

http://sailandtrip.com

http://www.mdsaude.com/es

http://medicablogs.diariomedico.com

http://www.seg-social.es

http://boletinpatron.com

https://elpais.com

Surcando la tempestad ©John Lund

De la pàgina https://www.redbull.com