El momento político actual en Catalunya

24.11.2015 10:14

 

Hay una dicho catalán, que traducido literalmente equivaldría a “tantas cabezas, tantos sombreros”, cuyo sentido es “tantas personas como opiniones”, y teniendo en cuenta que hay otro dicho, cuya traducción sería “cada cual va a la suya, como los de Sabadell”, puede pensarse –y con razón– que los catalanes somos muy individualistas. No es obstáculo para llegar a esta conclusión, que al margen del Barça, el mayor de los símbolos de la catalanidad sean los “Castells” auténticas muestras de lo que es la solidaridad humana encaminada a alcanzar logros colectivos.

Dicho lo anterior y ante la pregunta de ¿cómo es el la situación política actual en Catalunya?, entre los catalanes existen casi tantas opiniones como personas, lo cual contrasta con la casi constante opinión de los españoles, para quienes lo que pasa en Catalunya es “la manifestación de la locura de Mas (el presidente del gobierno autónomo catalán)”, “una deriva inconstitucional”, “un desafío ilegal”, “una burla al sistema democrático”, cuando no algo aún más aberrante, “una muestra del más puro estilo fascista”.

Hasta hace muy poco tiempo, era habitual que al referirse a Catalunya, los “politicólogos” lo hicieran utilizando la expresión “el oasis catalán”, dando a entender que Catalunya no era más que una región de España en la que no había mayor particularidad que el hecho de que los autóctonos se empecinaran en hablar catalán, pudiendo hablar el idioma de más de 400 millones de personas. En Catalunya gobernaba un partido de derechas (derechas civilizadas, no como las que periódicamente gobernaban en España), y salvo algunas reivindicaciones de carácter económico, no se manifestaba lo que tradicionalmente era conocido como “el problema catalán”, que era como se conocía la recurrente reclamación de mayor autonomía.  La reivindicación política era cosa de unos pocos, todos ellos de familias catalanoparlantes, básicamente de derechas y, normalmente, que disfrutaban de un nivel económico más bien alto.

La torpeza de los sucesivos gobiernos españoles, tanto socialistas del PSOE como conservadores del PP, en su trato fiscal, en su permanente desprecio al concepto político de “autonomía”, en su desprecio a los símbolos más sentidos por los catalanes, en su…, llegó a las máximas cotas el año 2010, cuando después de más de cuatro años de gestación, el Tribunal Constitucional laminó completamente el Estatuto de Autonomía aprobado por el Parlamento catalán, por las dos cámaras legislativas españolas y, esto resulta especialmente grave, en referéndum por la ciudadanía catalana. La fatídica y demoledora sentencia del dicho tribunal, despertó conciencias y, no desde los partidos políticos, desde organizaciones cívicas de carácter básicamente cultural, se emprendió lo que asumido por el gobierno catalán, constituye hoy en día lo que muchos en Catalunya ven como el inicio de la desconexión con el estado español.

¿Ha sido Mas el artífice de este cambio de pensamiento en lo nacional? No, diría, yo. Él ha asumido, plenamente convencido, que lo que se evidenciaba (manifestaciones públicas multitudinarias, pacíficas y hasta divertidas) era el pensamiento de una gran parte de la ciudadanía, especialmente de la ciudadanía políticamente más sensibilizada.

Foto de http://estaticos.elperiodico.com

 

Mas ha sido quien desde la presidencia del gobierno, ha aparecido como la cabeza visible del movimiento político independentista, pero tras él ha estado una muy buena parte del pueblo catalán. Mas ha tenido de compañeros de viaje a todos los independentistas (fuere cuál fuere su ideología en lo social), e incluso en diversos trayectos por quienes no siéndolo (independentistas), veían necesario o cuando menos conveniente, oír la opinión del pueblo respecto a una cuestión tan importante como es la referida a la adscripción de uno u otro estado. Negada la posibilidad de plantear un referéndum plebiscitario, Mas ha perdido a unos cuantos compañeros de viaje, viéndose la pluralidad de puntos de vista políticos bien reflejada en las elecciones para la formación del Parlamento catalán celebradas el pasado 27 de setiembre. 

El resultado de estas elecciones, como consecuencia del sistema electoral, ha arrojado una mayoría de parlamentarios que han hecho bandera del independentismo como reclamo, si bien el número efectivo de electores no ha llegado a la mitad del censo. Eso, según todo aquél que no sea catalán independentista o –simplemente– español, deslegitima el “proceso de desconexión”, opinión esta a la que se oponen quienes han votado alguna de las dos formaciones claramente independentistas. Los votantes y los parlamentarios electos independentistas, se consideran plenamente legitimados para iniciar ese proceso, ya que la mayoría del Parlamento es partidaria de ello.

Pero…, ¡no acaban aquí los problemas! Uno de los dos bloques parlamentarios independentistas, bloque que se configura con la titularidad de 10 escaños, se opone –hasta ahora de manera unánime– a que el candidato del bloque independentista mayoritario –ostenta 62 escaños–, sea quien lidere aquel proceso. Las posturas entre estos dos bloques independentistas parecen irreconciliables, lo cual produce sonrojo a buena parte de sus votantes, y regocijo entre quienes se oponen a la independencia catalana. Los partidos políticos de carácter estatal no están dispuestos a ceder ni un ápice en su rechazo a todo cambio político, y el gobierno aún menos. Precisamente es esa postura gubernamental la que sorprende e indigna a los catalanes, quienes no pueden menos que recordar los equilibrios políticos que Cameron hizo para intentar ganarse la simpatía de los escoceses la vigilia del referéndum que, en Escocia si, se celebró para determinar si ese país debía o no seguir integrado en el Reino Unido. Desde el gobierno español y desde el partido conservador opositor, únicamente se ha respondido al clamor (sea o no mayoritario según se considere) catalán de mayores cotas de poder, con amenazas.

Quienes ya peinamos canas y conocemos el talante español, que en lo político tiene su reflejo en la famosa frase “España antes roja que rota”, frase pronunciada por un político conservador no mucho antes del inicio de la guerra civil española, frase que era la respuesta al reclamo de libertad nacional de Catalunya, decía que los que peinamos canas, nos mostramos muy, pero que muy pesimistas ante la situación política creada, ya que los representantes políticos españoles se escudan en la ley para defender su democracia, mientras que los partidarios de la independencia, opinan que la ley no puede ser un freno a la democracia, y que la máxima expresión de esta es someter a la decisión ciudadana cuál debe ser el marco nacional en el que moverse.

¿La respuesta? Como decía aquel guasón ateo, “dios dirá”.  

Josep Niubò i Claveria.  Barcelona 24-11-2015   

 

Ir a "El momento político en Catalunya  II"