El momento político en Catalunya (IV)

25.05.2016 16:40

 

A pesar de la aparente ceguera política de los gobernantes españoles y por mucho que lo intenten sus homólogos catalanes, hoy por hoy es imposible desligar la política catalana de la española.

En el último cuatrimestre del año pasado se celebraron elecciones en Catalunya y en España, los resultados de ambas tuvieron en común la fragmentación de los respectivos Parlamentos, con la consecuente dificultad para formar gobierno. En el caso catalán se evitó la necesidad de convocar nuevos comicios en el último momento, cosa que la rigidez de los políticos españoles no pudo evitar.

El desgobierno español, mejor hablar de desgobierno que de falta de gobierno, porque el Gobierno en funciones de Rajoy ha gobernado, pero diríase que lo ha hecho todo lo mal que ha podido; decía que este desgobierno ha permitido a los gobernantes catalanes ir a la suya, enfocando su actuación hacia la consecución de la meta que se fijaron: la independencia nacional.

Mientras el gobierno catalán construía, el español trataba de destruir lo construido ―cayendo a menudo en el ridículo― e intentaba frustrar la capacidad de gobernar del ejecutivo catalán, no sólo en el aspecto nacional sino también en el social, haciéndose más y más antipático a ojos de todo aquél que tenga el más mínimo sentido crítico y carezca de la más férrea mentalidad “unionista”.

Foto de http://images.ara.cat

 

Porque ridículo ha sido el reciente episodio de las banderas con motivo de la final de la competición futbolística que lleva por nombre el del jefe del estado y antisociales han sido los recursos presentados ante el Tribunal Constitucional contra leyes aprobadas en el Parlament de Catalunya por unanimidad (incluso por la representación en Catalunya del partido gobernante en España) en aras a garantizar unos mínimos asistenciales a los catalanes con pocos recursos económicos ―independentistas y unionistas, españoles todos a los ojos del gobierno español―.

La acción política del gobierno catalán ha tenido un enfoque claramente internacionalista con un objetivo encaminado a hacer visible, fuera del estado español, el propósito que inspira esa acción de gobierno. El presidente catalán ha viajado por Europa y ha concedido entrevistas a prestigiosos medios informativos del continente, lo mismo que han hecho miembros de su gobierno. Una vez más, quienes aspiran a conseguir la independencia de Catalunya, piensan que esta no llegará si no es con la presión, o cuando menos, con la aquiescencia e intercesión de la Unión Europea, así como con el beneplácito de los Estados Unidos de América. Claro que el Gobierno español trata de contrarrestar esta acción exterior mediante los Consulados y las Embajadas, pero diría que su actuación es torpe, reiterativa y pesada. Por otro lado, lo que en mayor cantidad ofrece España en estos momentos es déficit económico, un déficit tan elevado que está colocando al país al borde de la quiebra económica. Según un sector importante del independentismo, esto último junto al enfoque pacífico y democrático del proceso independentista hará ganar simpatías y credibilidad en el ámbito internacional.

Foto de www.elespanol.com

 

Ya en anteriores colaboraciones he hecho referencia al posible cansancio que puede llevar a la deserción de muchas personas que hasta ahora han apoyado el proyecto independentista, pero también entre una gran parte de la población catalana ha calado la certeza del poco recorrido del trayecto que puede hacer Catalunya si no se libera pronto de España.

Ese déficit, ese desgobierno, ese mal disimulado e infundado orgullo con el que la España de siempre es presentada ante el mundo, son vistos con abierto desprecio por gran parte de los catalanes, entre los cuales, sean o no independentistas, el realismo (no el monárquico) tiene más vigencia que entre la mayoría de españoles. Ese desfile de políticos españoles camino de Venezuela para dar lecciones de democracia (estando entre ellos el prototipo del catalán españolista) es una muestra del referido orgullo: Incapaces de arreglar el propio patio, van a dar lecciones al exterior sobre cómo arreglar el de los demás.

La expectativa de que algo pueda cambiar auténticamente da una brizna de esperanza a no pocos que, ante el desolador panorama que se vislumbra a nivel estatal, piensan que peor que ahora no podrá irnos si se proclama y reconoce el estado catalán.

No puede negarse que en los últimos meses se oye hablar con menos frecuencia del tema de la independencia, pero ello no parece ser por falta de interés, sino debido al inequívoco convencimiento de que, más pronto que tarde, deberá abordarse seria y profundamente la cuestión.

Podría terminar la colaboración con la ya cansina referencia al viejo ateo, pero esta vez no lo haré. Esta vez procede hacerlo con una llamada a la sensatez, llamada a quien quiera oírla y actuar en consecuencia, llamada a reclamar respeto a la democracia, respeto al pueblo, respeto a la libertad, respeto al deseo de poner fin a una absurda situación propia del llamado perro del hortelano, perro que ni comía ni dejaba comer.

Josep Niubò i Claveria

Barcelona, 25 de mayo de 2.016

 

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