El momento político en Catalunya (V)

20.07.2016 17:55

 

En Plena canícula estival, da la sensación de que la política catalana ha dejado de interesar incluso a los catalanes, con excepción de aquellos que viven de ella, de aquellos que ostentan cargos por cuyo desempeño cobran del erario público.

A estas alturas del verano, los tres años anteriores eran de plena efervescencia política: El pueblo estaba movilizado en la organización de la cadena humana que enlazaría las fronteras septentrional y meridional del país, en organizar la “V” cuatribarrada que llenaría espectacularmente las dos avenidas más largas de Barcelona, o en organizar la tercera, multicolor y multitudinaria concentración reivindicativa que se había convertido ya en un clásico del 11-S catalán, día de la “Festa Nacional Catalana”. Este año ¡poco o nada! se avecina el 11 de setiembre. No existe ninguna previsión festivo-reivindicativa y en el ámbito estrictamente político, pocos parecen recordar que el presidente catalán se comprometió a someterse a una moción de confianza precisamente en ese mes.

¿Qué ha ocurrido? Parece que se ha instalado el cansancio entre los otrora combativos independentistas catalanes y que la incompetencia y el egoísmo de la clase política estatal ha conseguido lo que la habilidad de sus miembros no había hecho: Frenar, aparentemente, ese anhelo de independencia del que poco o nada se habla ya fuera de las fronteras catalanas y en el interior de las cuales ya no es el tema único de conversaciones.

¿Ha contribuido a esa aparente des-movilización, el juego sucio de los políticos españoles en relación a sus congéneres catalanes? Se han destapado maniobras anti-democráticas y casi ilegales (el casi podría incluso eliminarse) ordenadas desde diversos ministerios españoles para combatir el movimiento independentista.

Por otro lado, la incapacidad para formar gobierno en España ha comportado que quien lo ejerce en funciones se dedique casi en exclusiva a controlar la actividad del Parlamento catalán, impugnando, por sistema, ante el Tribunal Constitucional todas las leyes que aprueba el primero. Ya me referí en una anterior ocasión a la triste figura del perro del hortelano, que ni come ni deja comer, y hoy por hoy ese clásico perro está encarnado por el gobierno español.

Catalunya forma parte de esa Europa que no sabe hacia donde va; forma parte de esa Europa cuyos ―cada vez más― materialistas y egoístas ciudadanos temen por sus vidas y haciendas viendo el fantasmal y terrible acecho del imparable terror que siembran unos pocos. Pero Catalunya tiene ahora un gobierno cuyos componentes parecen tener claro cual es su objetivo, que no es otro que el de conseguir satisfacer el programa con el que los partidos integrantes se presentaron y ganaron las elecciones: La independencia nacional.

El gobierno catalán y la parte más combativa de la sociedad que le da apoyo y le exige que actúe con la mira puesta en el objetivo perseguido, saben que tienen la fuerza que sus ciudadanos le han estado dando y ven como el tiempo se encarga de desmontar las mentiras de quienes se niegan a reconocer el legítimo derecho a decidir democráticamente el futuro nacional. ¿Quién puede amenazar a los catalanes con el “terrible mal” que les supondría su expulsión de la Unión Europea? De una Unión Europea de la que el Reino Unido ya ha anunciado su salida y de la que otros prósperos estados que la integran parecen también querer salir. ¿Quién se atreve ahora a pronosticar que una Catalunya independiente, no tendría capacidad económica para pagar a los jubilados ni unas míseras pensiones? ¿Quién? ¿Acaso se atreverán a formular tales amenazas quienes se han encargado de reducir a míseras las reservas que se habían acopiado para pagarlas en España?

Parece pues que Catalunya, a pesar de ese cansancio ciudadano, está poco más o menos igual que estaba hace un par de años cuando en los autobuses y transportes ferroviarios no se oía casi ni hablar del Barça y sí mucho sobre si convenía o no la independencia: Un líder nuevo pero igual de bravo que el anterior, un mismo e inoperante enemigo (más enemigo que rival) y un contexto internacional en el que no parece que nadie tenga las ideas claras, y en el que los grandes tomadores de decisiones parece que no pueden más que improvisar ante las situaciones que parecen cogerlos sistemáticamente por sorpresa.

Si la situación catalana sigue igual, nada nuevo puede decirse respecto a cual puede ser el futuro nacional catalán. Ahora, ya muy próximo, a la vuelta de la esquina, el mes de agosto aletargará aún más la ciudadanía, pero con la vuelta al cole, con la vuelta a la llamada “vida ordinaria”, a buen seguro se recuperarán los ánimos. Con la previsible formación de un nuevo, y no mono-color, gobierno en España, habrá que ver si estos gobernantes políticos siguen adoptando el canino e inactivo papel hortelano, o se mueven algo respecto al tema que, también monotemáticamente, nos ocupa.

Josep Niubò i Claveria.

Barcelona, 20 de julio de 2.016.

 

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