CIGUATERA

11.11.2012 19:35

    Los aventureros, navegantes y viajeros intrépidos que visiten arrecifes, atolones o islas tropicales estarán expuestos, si gustan del pescado, a la ciguatera.

    No hay ningún método seguro, digan lo que digan en cada lugar, para saber si un pescado esta ciguato. Lo único que podemos hacer es evitar los ejemplares grandes, no consumir la cabeza, las gónadas y el hígado del pescado y, sobre todo, tener fortuna.

    La ciguatera es una forma común de intoxicación alimentaria por ingesta de peces que se alimentan o habitan en los arrecifes coralinos.

   La enfermedad es causada por toxinas producidas por ciertos dinoflagelados que viven en detritus y en las macroalgas asociadas a sistemas de arrecifes. Las toxinas responsables de la ciguatera son: ciguatoxina, maitotoxina, escaritoxina, palitoxina, el ácido okadaico, y posiblemente otras.

    Éstas se acumulan en la cadena alimentaria marina y hacen más tóxicos a los peces más grandes. Se ignora por qué el pez no se afecta por las toxinas y sí algunos animales, que incluyen varios mamíferos, aves, reptiles, anfibios, insectos y hasta ciertos peces.

    Se reporta más toxicidad de estas toxinas en algunas islas tropicales, donde es mayor la fuerza de las olas al dañar a los arrecifes en los que se encuentran macroalgas. Las tormentas o ciclones tropicales con lluvias abundantes, los terremotos, las olas gigantescas, los ejercicios militares, los dragados o cualquier alteración significativa del medio, suelen preceder a los brotes de ciguatera; los arrecifes ciguatos pueden luego permanecer tóxicos durante muchos años.

   Los vectores actuales para la enfermedad son los peces semi-pelágicos y los que habitan en los arrecifes coralinos; entre ellos se encuentran la aguja, pez vela, barracuda, peto, coronado, cubera, mero, pargo, jurel, medregal y morena; aquí intervienen sus hábitos de alimentación, donde se involucran los herbívoros que consumen los dinoflagelados, así como los que forman parte de la cadena alimentaria. Los peces de agua dulce como la tilapia, la trucha y el bagre, ciertas especies invertebradas como los cangrejos, las langostas, los camarones, el calamar, el pulpo, y los bivalvos (ostras, almejas, mejillones y  vieiras) no son generalmente portadores de las ciguatoxinas.

    Aunque es una dolencia endémica de los trópicos y subtrópicos, actualmente la ciguatera se ha reportado también en áreas no tropicales.

    Es difícil predecir la prevalencia, pues las estadísticas no son confiables al presentarse en muchos países del tercer mundo, aunque es frecuente en Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, la costa sur de los EE.UU. y algunos países con costas o mares indo pacíficos (Hawai, Tuamotu, etc.). Las poblaciones más afectadas son los turistas y los que practican la pesquería en estas zonas reportadas.

    La ciguatera es una intoxicación de la que se reportan más de 50.000 casos al año, pero hay que tener en cuenta que es un trastorno sub-denunciado y algunas veces sub-diagnosticado.

    Se la conoce vagamente desde 1606 en el Pacífico Sur; el primer relato detallado del cuadro clínico fue en 1774 en Nueva Caledonia, por el navegante inglés James Cook. La zona de riesgo se extiende desde los 35° de latitud norte hasta los 35° sur, en especial en las islas del Pacífico Sur, Indias Occidentales y Mar Caribe.

   Hay microorganismos que sintetizan la toxina y colonizan el coral (principalmente Gambierdiscus toxicus). Allí peces hervíboros los ingieren y concentran las ciguatoxinas. Los peces carnívoros (en realidad piscívoros) se convierten en tóxicos al consumir peces herbívoros, y la concentración de las toxinas aumenta a medida que asciende la cadena alimentaria. La máxima concentración se halla en el hígado, cerebro y gónadas del pez.

    Estas toxinas no afectan a los peces, por lo que es imposible determinar con un simple examen cual es un pez de riesgo. Por el referido mecanismo de concentración los ejemplares de más de 2 kilos son puntualmente más riesgosos. La barracuda es una de las variedades, según las estadísticas, con más riesgo y la morena sería la que da cuadros más graves.

    La ciguatoxina es estable al calor, a la cocción y a la congelación. Como el agua, la ciguatera no tiene color, ni olor ni sabor.

   Esta intoxicación afecta especialmente a la franja de población con menos recursos, que se alimenta mayormente de lo que pesca. En esos entornos se han desarrollado muchos mitos y todos ellos muy peligrosos. Dicen que si a la carne de pescado se le frota una moneda y esta brilla, tiene ciguatera. La devaluación de los metales hizo que al principio se creyera en las monedas de oro, luego en la plata, y ahora parece que cualquier aleación funciona. Se dice que sólo se produce (en el hemisferio norte) en los meses que no tienen la letra "r". Lo que sí es cierto, es que cuando aumenta la temperatura del agua aumenta el riesgo, pero de ahí a apostar la salud a una sola letra hay mucho trecho.

    Otro de los mitos es que si la cocción se hace con leche no hay riesgo. Uno de los mitos puntualmente riesgoso es el que dice que si se le agrega mucho limón o vinagre la toxina se inactiva, la realidad es bien distinta: los ácidos aumentan la absorción y la gravedad del cuadro. Otras afirmaciones falsas: las moscas, los pájaros y gatos no comen el pescado contaminado.

    La globalización ha hecho que también haya ciguatera "importada": se trata de turistas que en el último día de sus vacaciones ingieren pescados contaminados, toman el transporte y el cuadro florece en latitudes donde apenas se la conoce.

    Algunos países directamente prohíben la importación de pescados de riesgo.

    La Ciguatera no se debe confundir con la Marea Roja que no necesita un substrato coralino y que afecta a los moluscos bivalvos, ni con otras toxinas que comprometen especialmente a peces sin escamas como el caso del pez globo, pufferfish o fugu.

    La duración, severidad y orden de ocurrencia varían considerablemente en cada paciente según la cantidad y porción de pescado ciguato ingerido.

    La enfermedad comienza a veces aun antes de que finalice la comida, pero por lo general se inicia dentro de las primeras 12 horas y, a veces, hasta 24 horas después de la ingesta.

    El cuadro clínico de la intoxicación aparece con esta secuencia:

.- Manifestaciones gastrointestinales: dolor abdominal, diarrea, náuseas y vómitos.

.- Manifestaciones neurológicas: dolor de cabeza, calambres, hormigueos, dolores musculares, intensa fatiga, trastornos del equilibrio, sensación de sabor metálico.

.- Manifestaciones cardiovasculares: bradicardia, taquicardia, hipotensión arterial, bloqueo A-V y shock.

    Estos son síntomas comunes a muchos trastornos, pero hay dos síntomas cardinales claros, uno es la inversión de la sensación térmica: sensación de calor al tocar objetos fríos y sensación de frío al tocar objetos calientes. El otro síntoma es el hormigueo peribucal: en los labios y en la lengua.

    En algunos casos, se ha descrito también ataxia, prurito, disminución de la fuerza muscular en los miembros inferiores y sensación de pérdida de los dientes.

   Otros síntomas que, en algunos casos, pueden darse: exacerbación del acné, hipo, sialorrea, fotofobia, sabor metálico en la boca, oftalmoplejía, agitación, delirio, parálisis de los músculos faciales, espasticidad muscular, hiporreflexia, lesiones cutáneas, ceguera temporal, caída del pelo, uñas y descamación de la piel.

    Otro dato peculiar es el de su reagudización, es decir que aquellas personas que la hayan padecido pueden experimentar un cuadro similar mucho tiempo después al ingerir carne de pescado, alcohol, nueces y, en general, semillas de cualquier tipo. También se han reportado recaídas tras la ingestión de carne de pollo, huevo y pescado enlatado.

    La mortalidad es escasa (0,1 %) y siempre ocurre por fallo respiratorio.

    Tratamiento:

    Acudir inmediatamente, si es posible, a un médico, dispensario, centro de salud u hospital donde nos tratarán y medicarán adecuadamente.

       Únicamente a título informativo, decir que se puede utilizar el carbón activado (1 gramo por kilo de peso), que absorbe las toxinas que aún se mantienen en los tractos digestivos. Que es recomendable practicar un lavado estomacal o inducir el vómito al paciente para eliminar cualquier remanente de pescado. Que el Manitol EV es un tratamiento opcional, pues mejora mucho los síntomas; para ello se aconseja primeramente rehidratar al paciente de las pérdidas sufridas por las diarreas y vómitos con suero salino, según el grado de deshidratación. La dosis de Manitol al 20 % (intravenosa) es de 1 gramo por kilo de peso y por día. Se ha utilizado el gluconato de calcio al 10 %, administrado cada 8 horas durante la fase aguda pues en el caso de la ciguatoxina se piensa que inhibe la absorción de calcio mediante membranas excitables y este aporte puede mejorar la sintomatología. Para los síntomas crónicos, que a veces duran semanas o meses, se ha recomendado la amitriptilina, 25 mg dos veces al día.

    No se aconseja la administración de esteroides, opiáceos o barbitúricos.

   Hubo unos años en que se utilizó masivamente, para la prevención, un test que permitía conocer si el pescado en cuestión era ciguato. Pero, además de ser un método caro, hay que mantenerlo refrigerado, caduca a los 6 meses y, parece ser, no es 100% fiable.

    La recuperación se produce entre unas horas y dos días en los casos más leves, aunque pueden persistir algunos síntomas (principalmente neurológicos) algunas semanas. En el periodo de recuperación se debe evitar el consumo de alcohol y de ciertos alimentos (otros pescados y mariscos, mantequilla, aceite de maní, frutos secos y carnes de pollo y puerco) para evitar las recaídas.

    Se cree que la incidencia de la ciguatera está aumentando en la zona de la península de Yucatán.

   Recientes investigaciones han confirmado científicamente la eficacia del “tabaco falso” (Heliotropium forsterianum) contra la ciguatera. Los análisis moleculares revelaron que la molécula activa contenida en los extractos de esta planta, corresponde al ácido rosmarínico. Muy conocido por sus actividades antivirales, antibacterianas, antioxidantes y antiinflamatorias, esta molécula nunca había sido descrita aún por sus efectos benéficos en el tratamiento de la ciguatera.

    Lo dicho, amigos viajeros: PPSS (precaución, prudéncia, sentido comun y suerte).

    Román Sánchez Morata 11-11-2012

Fuentes:

http://es.wikipedia.org

http://www.whoi.edu

http://www.tahiti1.com

http://www.nlm.nih.gov

http://www.cigua.com/

http://edis.ifas.ufl.edu

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http://www.buceomaldivas.com

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/002851.html

http://www.monografias.com/trabajas 24/ciguatera/ciguatera.html