“Una travesía accidentada” o “Los motores los carga el diablo”

01.05.2020 17:32

 

Al atardecer del 11 de diciembre de 2009, a bordo de un Rob 33 de acero, zarpamos de San Antonio, Ibiza con una ventolina del suroeste.

Despues de librar Conejera y las Bledas, el motor se paró ¿? y se negó a volver a arrancar. Decidí esperar a que amaneciese para ver que había acontecido.

Pasamos el resto de la noche haciendo bordos a 1,2 nudos y maniobrando un par de mercantes.

Por la mañana purgué todo el circuito de combustible ─para hacerlo era necesario hacer “espeleología” ya que el acceso a través del cofre de babor de la bañera era angosto y revirado─ y el motor volvió a funcionar.

A las diez de la noche el maldito motor se volvió a parar. Con todo el trapo izado, navegábamos con un vientecillo del norte a entre 1,5 y 3 nudos. Había mar de fondo del Norte.

A las 03:05 entró una gregalada (viento del NE) de cojones —tampoco era para tanto, lo que ocurrió fue que nos alcanzó con todo el trapo desplegado— algún aguacero, poca visibilidad y mucho tráfico. Con dificultad, me hice con el control enrollando progresivamente el génova mientras llevaba la caña con las piernas. El rumbo que nos convenía nos hacía navegar de empopada y como todavía no había montado la maniobra del tangón a plena satisfacción y no sabíamos cuanto tiempo se mantendría soplando del NE, acabamos navegando únicamente con toda la mayor, amurados a babor.

El barco era magnífico, tomaba la mar —la combinación de la del viento y la de leva que nos llegaba por la aleta— con elegancia y seguridad. El otro tripulante, aún que un poco tocada y con poca experiencia, dió la talla y llevó la caña estupendamente y eso que gobernar con el viento de popa y el mar por las aleta no es nada fácil.

Al clarear vimos una Salvamar, procedente de Cartagena, que acudía al rescate de un enorme yate a motor. El viento aminó y pronto rebasamos Cabo de Palos. Cuando la embarcación de salvamento volvía con los rescatados en cubierta envueltos en mantas, se acercó y nos preguntó si necesitábamos ayuda. Comprobamos que el VHF recibía, pero no emitía. Por señas les indicamos que todo estaba bién.

El viento cayó y me introduje en la popa del motor para volver a purgar todo el circuito de gasoil. El motor arrancó, pero únicamente funcionó una hora pese a la canción de ánimo que le cantamos a duo “Volvo, Volvo, funciona bien y no te pares oe, oe...”

Finalmente, despues de estudiar el derrotero y la carta, decidí entrar en Cartagena en donde no había vuelto desde la mili…

Entramos a vela haciendo bordos contra el flojito norte que se había establecido. Una vez dentro, arriamos el génova y atracamos con mayor en el Club de Regatas de Cartagena. Afortunadamente en el último momento el vientecito desapareció y atracamos con la arrancada sin más problemas. Tuvimos el tiempo justo para arriar y dar amarras hasta que empezó a llover a cántaros (350 litros por metro cuadrado en 24 horas).

Román S.M. 01-04-2020